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martes, 1 de noviembre de 2016

Corrí 42 km (o Alguien grita en el ropero)


Empecemos por el final: tras más de seis meses de preparación, inseguridades, lesiones, idas y vueltas... ¡corrí mi primer maratón!
Escribo estas líneas casi un mes después de la carrera. Durante medio año el maratón había ocupado gran parte de mis pensamientos. Necesitaba tomar un poco de distancia antes de sentarme a escribir sobre la experiencia.

La idea de preparar un maratón había surgido el año pasado, luego de correr mi segundo circuito de 21 kilómetros. No me planteé el desafío como algo dramático, sino como el paso lógico luego de haber corrido varias carreras de 10 km. y dos de 21 km. en un proceso que había nacido dos años antes, en 2014. Más que como algo épico, el maratón se asomó como un objetivo natural dentro del proceso. No estaba seguro de poder lograrlo, pero quería intentarlo. Si en el camino me daba cuenta de que resultaba demasiado, tendría que sentarme a repensar el entrenamiento y ajustar mis objetivos. Nada me obligaba a seguir hasta el final.

Hola planchas, mucho gusto

Tras averiguar cuál era la preparación necesaria para una carrera de 42 kilómetros, me enteré de que no contaba con los requisitos que hacen falta para este tipo de eventos. Es decir, no estaba corriendo la distancia mínima semanal que varias fuentes aconsejaban como base, ni tenía fortaleza física en abdominales, glúteos, espalda, etc. En consecuencia, el primer paso fue calmar un poco la ansiedad y asumir que debía arrancar desde un escalón más abajo. Primero tendría que buscar un tipo de entrenamiento que me llevara de manera gradual hasta un nivel que sería el punto cero como para entrenar de manera responsable. Estaba por debajo de lo mínimo. El desafío y las limitaciones eran claras.

Luego de varios días de bucear en los distintos sistemas de entrenamiento (como punto de partida usé la tabla comparativa en Fellrnr) decidí prepararme siguiendo los principios de Jay Johnson. En general, me gustó el modo en el que trabaja este entrenador. Además, Jay comparte mucha información online (tanto a través de su sitio web como en su podcast). En un principio pensé en usar su libro para maratón, pero luego la publicación se atrasó en salir a la venta, así que tuve que reconstruir sus principios de entrenamiento a partir de los datos que Jay hace públicos. Así, el ciclo empezó más de seis meses antes de la carrera, con ocho semanas de trotes y fortalecimiento general.

Lecciones

La etapa siguiente fue de 22 semanas en las que seguí lo mejor que pude la forma de trabajo que propone Jay Johnson. El nivel de exigencia fue incrementándose muy de a poco. Semana tras semana se sumaban ejercicios o se modificaban las rutinas. Aprendí que no se trata de ir cada vez más rápido o cada vez más lejos y que tampoco tenía que correr siempre igual, sino que cada salida debía tener un objetivo específico. Y que si, al terminar el ejercicio, cumplía el objetivo del día, podía volver a casa contento independientemente de la distancia o el tiempo que le hubiera dedicado a esa sesión en particular. También aprendí (y lo fui notando de manera muy concreta en mi cuerpo) que si quiero mantenerme sano debo hacer ejercicios de fortalecimiento; que no son un lujo ni un detalle, algo "extra" al entrenamiento, sino que forman parte de él. Aprendí también a correr "por sensación". Esto es, a mantener mi atención más lejos del reloj y más conectada con cómo me estoy sintiendo, para ir ajustando en función de mis sensaciones. Aprendí que es importante hacer una salida larga por semana (un "fondo" en la jerga runner argenta) y a separar los días en fáciles y difíciles, con un día difícil semanal (además del día del fondo).

El ciclo terminó. Corrí los 42 km. Me hubiera gustado hacerlo en menos tiempo, estar más fuerte y correr con más agilidad. Sin embargo, ahí están los datos: corrí 42 kilómetros sin parar, un objetivo que hace dos años era doblemente impensable. Por una lado, porque no me parecía atractivo como objetivo. Por otra parte, porque no era algo realista. Y, otra vez, sin embargo, ahí está: corrí 42 kilómetros.

Lo que quedó

La experiencia me deja un par de cosas. La primera enseñanza me llegó, valga la paradoja, como un brutal golpe al ego: no tengo idea de hasta dónde puedo llegar. Podría, claro, seguir haciéndome el tonto y decir "no puedo", como si no hubiera corrido esos 42 km., pero eso sería de una hipocresía mayúscula. ¿Con qué cara digo "no puedo" ante un contratiempo ahora que tengo la medalla colgada en el ropero? No, ya no es tan fácil. ¿Cuáles son los fundamentos que me permiten asumir que las cosas deben funcionar bien desde el arranque? Qué gesto más arrogante que el de pensar que uno es tan genio que todo le va a salir bien de una.
Ahora me cuesta más bajar los brazos ante una dificultad. Con mucha frecuencia las cosas me salen mal, o no salen como las había planeado: preparo una ensalada nueva y queda insípida; escribo un texto y al leerlo me encuentro con que es mediocre; organizo una actividad que me parece genial y ninguno de mis amigos tiene interés... Antes me resultaba más fácil renunciar ante estos contratiempos. Si la ensalada no quedaba bien, admitía que no había sido una buena idea y me preparaba otra cosa; mi texto mediocre era una prueba de que soy un escritor berreta y que quizás deba poner mi energía en otro lado; si mis amigos no demostraban interés en una actividad sería porque la actividad no era interesante. Ahora ya no es tan sencillo tener esa actitud sin sentir que estoy actuando como un psicópata, como alguien disociado de la realidad que construye un mundo paralelo a fuerza de mentiras. Porque si para algo sirve la medalla del Maratón de Buenos Aires colgada en el ropero es como prueba de que muchas cosas que a primera vista me parecen imposibles, pueden no serlo.

Nigel Holmes tradujo las ideas de Dweck al lenguaje visual
Ahora no me puedo hacer el idiota. Asumo que las cosas no me van a salir bien desde un principio y pienso en qué voy a hacer cuando me dé la cabeza contra la pared la próxima vez. Admito que si quiero progresar tengo que salir de mi elemento, de ese lugar en el que todo me sale bien porque lo domino. Si quiero mejorar, tengo que ponerme en una posición nueva e incómoda, y estar dispuesto a fallar y a aprender de esos errores. Tengo que poder recibir y procesar críticas, y con ellas ajustar mis prácticas, pulirlas.

Dos textos que me ayudaron mucho en este recorrido: el libro Mindset, de Carol Dweck y el paper Grit: Perseverance and Passion for Long-Term Goals, de A. Duckworth y C. Peterson.

No corrí 42 km porque sea un dotado, ni por tener una gran fortaleza o estado físico. De hecho, carezco de esas tres cualidades. El primer maratón está ahí porque no me rendí por el camino, porque seguí entrenando con lluvia y con frío, pero sobre todo porque seguí poniéndole energía incluso en esos días en que me despertaba pensando que no sirvo para nada, que nunca había sido deportista y que nunca lo sería, que ya estoy viejo para estos trotes, que mejor me dejo de joder, que quién me manda, que qué necesidad hay, que el tiempo de correr le quita tiempo a mi pareja/trabajo/familia/younameit. Aun en esos días, salí a correr. Aún en esos días hice las planchas y los balanceos de piernas y las zancadas. Y el resultado está ahí, en forma de medalla que cuelga del ropero. Explícito, tangible, casi violento: corrí 42 kilómetros. 42 kilómetros que nunca habría podido correr si le hubiera hecho caso al agorero sentido común que tantas veces y con tan diversos motivos me sugirió que dejara de intentarlo.

Gracias por leer. Si estas líneas te motivan, dejá tu opinión acá abajo. También me podés ubicar en twitter @pablospringernu. Hasta la próxima.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Medio Maratón de Buenos Aires

La noche previa a esta carrera dormí como el orto. Ansiedad, restos de jet lag por un viaje reciente al otro lado del mundo, estrés... Motivos no me faltaban. Apagué el despertador a las 4:50, diez minutos antes de que sonara. Había decidido usar la competencia como ensayo general de lo que será mi primer maratón (¡sólo falta un mes!). Iría al ritmo que quiero hacer durante la segunda mitad de mis primeros 42 km. Las comidas de antes, durante y después de este medio maratón también serían como si la carrera fuera un maratón completo. La noche anterior dejé listo el licuado que suelo usar en los fondos, el chaleco de hidratación, el desayuno ya cocinado (tiritas de pollo con especias tandoori salteado en aceite de coco y un pedazo de batata hervida), la remera con el dorsal puesto y el chip en la zapatilla.

Entrega de remeras por talle
Creo que la organización del Medio maratón de Buenos Aires fue exitosa en ciertos detalles que suelen ser ignorados en otros eventos parecidos. La remera, por ejemplo, era de excelente calidad. No solo era muy buena, sino que antes de retirarla podías probarte el talle para estar segur@ de que te estabas llevando algo con lo que estuvieras conforme. Además, la entrega de remeras estaba organizada por talle. Fui a retirarla el jueves por la tarde y no tuve que esperar. El hecho de que se pudiera ir a buscar el material en distintos días y durante una generosa franja horaria, seguramente contribuyó a que no se hicieran largas filas.

Otro detalle que me gustó fue que el día de la carrera había personal que pasaba periódicamente para limpiar los baños químicos del sector de largada. Además, a lo largo de todo el recorrido, el circuito me resultó seguro. Más allá de las motos con fotógrafos y las ambulancias, no había vehículos entre l@s corredor@s, y l@s participantes estuvimos protegid@s de posibles intrusiones de automovilistas despistad@s.

La largada: más desprolija que mi escritorio

Si tenías blanco, rosa o azul, todo bien. Si no...
Un par de días antes de la carrera, al retirar la remera, el dorsal y el chip que te permite conocer tu ritmo de carrera, me entregaron una pulsera de color. Para ordenar la largada, l@s organizador@s usaron un código de colores según el ritmo al que un@ pensaba que correría.

Si el sistema estuviera bien implementado y l@s participantes lo respetaran, cada un@ largaría junto con l@s que corren a velocidades parecidas y se evitarían los empujones. En teoría suena divino. En la práctica, funcionó a medias. Para empezar, porque el corral de largada tenía accesos diferenciales por color. Así, l@s de pulsera blanca entraban por un lugar, más atrás l@s de cinta rosa, luego l@s de azul, y luego... ¿Y luego? Luego nada. Solo había accesos organizados para l@s atletas más veloces. De ahí para atrás fue un "arreglate como puedas". Hubo bastante desconcierto. Quienes tenían pulseras amarillas, rojas, violetas y doradas iban de un lado para el otro sin saber por dónde acceder al corral. Para complicar más las cosas, un guardia de seguridad en el acceso azul impedía entrar a quienes tenían pulseras de ese color, bajo el argumento de que como faltaban solo diez minutos para la largada, la entrada ya estaba cerrada. Hubo insultos, forcejeos y alguna que otra trompada voladora.
Dentro del corral: camión, colectivo y falta de accesos por color
Mientras tanto, algo más atrás, entre autos y camiones mal estacionados, una masa compacta de gente buscaba accesos alternativos. En general, l@s participantes tomaron esta falta de organización con mucha calma y buena onda. A medida que iban entrando al corral desde el fondo, cada un@ se ubicó donde pudo. Así terminaron en la práctica las buenas intenciones del código de colores.


La carrera 

Mucha gente. No, no. Mucha de verdad. Desde que largaron quienes estaban adelante de todo (l@s afortunad@s de la pulserita blanca) hasta que crucé la línea de partida transcurrieron más de nueve minutos. Atrapado en la masa que esperaba detrás del arco de largada ("No estás atrapado en la masa. Sos parte de ella. Hacete cargo", dice una vocecita interior), avancé a paso lento hasta que pude llegar al punto que marcaba el inicio de los 21 kilómetros de competencia. Atrás, la fila continuaba. A diferencia de otras carreras, esta es particularmente masiva. Me imagino que si tenés fobia a las multitudes hay mejores lugares para pasar un domingo a la mañana. 

El recorrido fue similar al del año pasado. Se sale de Palermo y se va hacia el centro. Disfruté mucho pasear por el obelisco, la Plaza de Mayo y subir a la autopista Illia para volver hacia Palermo.

Al llegar al kilómetro 17, dentro del túnel que pasa por debajo de la Avenida Lugones a la altura de la Av. Casares, me topé con un auto blanco incrustado contra la pared; tenía el parabrisas destrozado. Detrás, un patrullero estacionado. Entre ambos autos, dos varones sentados en el piso con cara de "la idea no era terminar así el sábado". "Te dije que no te distrajeras con los fotógrafos" les gritó un vivo que corría a mi lado. A los pibes del auto arruinado no pareció hacerles mucha gracia la chanza. 

La llegada

¡Llegamos! Ah, no, no, pará. Ese arco es el de un auspiciante. 100 metros más adelante: ¡ahora sí, por fín! Uy, no, ese otro arco era de otro sponsor. La escena se repitió una y otra vez. Hubo casi media docena de falsos arcos de llegada. No solo confundían a l@s corredor@s, sino que algunos de ellos eran más angostos que la avenida. Si venías medio desprevenid@ te los podías llevar por delante. Una vez cruzado el verdadero arco de llegada, todo fluyó. Había gente de la organización que te instaba a no quedarte parad@, hubo reparto de agua, bananas y bebidas deportivas. Además, había mucha gente para retirar los chips del calzado y darte la medalla. Otro detalle que a much@s les habrá gustado: las medallas de quienes llegaban entre l@s primer@s eran distintas.

Tras salir del sector de llegada, me encontré con unos amigos, me estiré un poco y volví a casa. Estaba cansado y con hambre. La mañana estaba soleada y fresca, ideal para andar en bici. Disfruté el viaje de regreso tanto como la carrera. Al llegar me bañe, tomé un vaso de licuado y comí un poco de pescado con un nuevo trozo de batata. La dosis diaria de actividad física estaba cumplida. Era hora de poner el cuerpo en otras tareas.

Despedida

Así pasó el medio maratón de Buenos Aires. ¿Vos lo corriste? ¿Cómo te fue? ¿Te estresa participar de este tipo de eventos? ¿Te gustaría ir, pero no te animás? Me encantaría conocer tu experiencia. Por favor, compartila aquí abajo como comentario.
¿Tenés críticas, comentarios o sugerencias sobre el contenido de esta, o cualquier otra nota del blog?No dejes de contactarte, ya sea por aquí o en twitter, donde me encontrás como @pablospringernu. Allí también publico experiencias propias y ajenas. Sea por allí, por acá o en ambos sitios, será hasta la próxima. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Preparando el Maratón de Bs As

Altra Torin, zapas planas a prueba durante los días livianos
El entrenamiento para correr mi primer maratón sigue en marcha. Al momento de publicar esta entrada, faltan 54 días de trabajo.
Desde la entrada anterior, quizás los cambios más importantes hayan sido que corrí por primera vez 30 kilómetros (en la Buenos Aires Sur) y que estoy visitando regularmente a una nutricionista que me ayuda a comer de una manera más eficiente. Con su asesoramiento, sigo perdiendo los kilos que tengo de más. Aún con algo de sobrepeso, logré llegar a niveles que me parecían imposibles y estoy saliendo de la "zonas de riesgo" en la que permanecí durante unos cuantos años marcados por el sobrepeso y el sedentarismo.
Con poco tiempo para el blog, acá va sin filtro mi última entrada del diario de entrenamiento. Fue una sesión bastante exigente, con resultados muy buenos. Quedé agotado. No creo que sea para hacer todos los fines de semana, sino quizás una vez por mes.

Tipo de entrenamiento
Fondo de 29 km c/ progresión: 1 km easy + 17 km steady + 10 km on + 1 km easy.

Desayuno
2 horas antes de correr. Palometa al horno c/ sal y un poquito de mostaza, 1 rodaja de batata hervida.
20 minutos antes de correr: 1 banana chica, un par de cucharadas soperas de granola casera.

Comida y bebida durante el entrenamiento
Banana, maca, chía y... a batirrrr!
Licuado de 3 bananas medianas, 2 cucharadas soperas de chía molida y otras 2 de maca, 3 cucharadas soperas de azúcar de mascabo, 1 pomelo rosado grande, agua hasta completar 600 cm3. Además, 1,25 litros de agua en la espalda.
En la sesión de fortalecimiento tomé un licuado hecho con un pomelo rosado, jengibre, agua, stevia y hielo. Tenía mucha sed.

Fortalecimiento
2 x (50’’ planchas laterales + plancha boca arriba + superman)
2 x (20 clams por lado + 8 leg raises pie neutral + 8 pie hacia afuera + 8 pie hacia adentro + 20 donkey kicks por lado + 20 fire hydrant por lado + 10 sentadillas a una pierna en silla c/ brazos estirados adelante por lado)
4 x (15 bíceps martillo + 10 vuelos frontales + 10 vuelos laterales)
2 x (8 bíceps martillo c/ más peso + 12 tríceps a dos brazos por encima de la cabeza)
2 x (5 bíceps martillo c/ más peso aun + 8 tríceps a dos brazos c/ más peso)

Movilidad
10 rotaciones de rodilla hacia adelante en 4 patas + 10 hacia atrás por lado
10 rotaciones de rodilla hacia adelante parado + 10 hacia atrás por lado
10 balanceos laterales de piernas por lado
10 balanceos frontales de piernas por lado
10 balanceos frontales rápidos c/ rodilla flexionada por lado

Estiramientos y rodillo
Me estiré con el cinturón. Me pasé el rodillo por gemelos, sóleo y un poco de banda iliotibial. La iliotibial duele mal.

Comentarios
Por segunda semana consecutiva, el licuado me resultó demasiado dulce. Creo que debo bajar la cantidad de azúcar de mascabo a 3 cucharadas al ras, y ver cómo me siento.
Analógico y digital
No sé si fue porque estoy por enfermarme o por el estrés, pero claramente me sentí con poca energía durante toda la sesión. Los 17 km steady me costaron. No tenía las piernas cansadas ni me faltaba el aire, pero era difícil mantener el ritmo. No llevé la sesión pregrabada en el reloj, sino que iba pasando los segmentos a mano. Para steady me propuse ir a 150 pulsaciones por minuto, que veo que es un nivel de esfuerzo con el que me siento bien y que puedo mantener en el tiempo. Durante los km de steady empecé a pensar que con la poca energía que tenía, seguramente no era buena idea tirarme a hacer 10 km en on (la progresión anterior había hecho 4 km a ese nivel de esfuerzo). De todos modos, si bien nunca sentí que recuperaba la energía, al llegar a los 17 km steady (18 acumulados) decidí intentar pasar a on (160 pulsaciones por minuto), con la idea de que si no llegaba a hacer 10 km, siempre podía volver a bajar a steady cuando quisiera. Terminé haciendo los 10 km en on. Me costó mucho, en especial los últimos 3 km. Luego cerré con 1 km easy. Terminé muy cansado. Durante la sesión de fortalecimiento se asomaron algunos calambres que luego desaparecieron (¿por haber tomado más líquido durante la sesión?) y no interfirieron con la rutina.

Lesiones o molestias
Llevo varios días durmiendo mal por estrés. Hoy y ayer a la mañana me levanté con molestias en la garganta y un poco de mocos. Siento que estoy combatiendo un resfrío incipiente.
El desgarro abdominal se siente (lesión de grado 1 en la unión de los oblicuos con el recto), pero parece estar curándose. Empecé a ponerme hielo. Como consecuencia de la lesión sigo sin poder hacer la rutina Core X, ni las planchas boca abajo, ni flexiones de brazos, ni tríceps en silla.

Por favor, dejá tus comentarios, críticas, dudas, etc. acá abajo. También me encontrás en twitter.
Gracias y hasta la próxima.

lunes, 9 de mayo de 2016

Entrenamiento. Semanas de fortalecimiento 7 y 8

Llegó el final. Tras ocho semanas, ayer terminé el programa de fortalecimiento de Jay Johnson y quería contarte cómo me fue. Sin dudas, el trabajo se nota y mi estado físico actual es distinto de lo que era cuando empecé. Desde afuera casi no hay cambios: sigo teniendo panza y mis reservas de grasa son suficientes como para hacer varias rondas de tortas fritas. Pero me siento diferente: estoy más fuerte y más estable. Lo noto en cosas cotidianas, como cuando subo escaleras, camino o viajo en subte o en tren. Mi cuerpo está más "armado" y, cuando el vagón se sacude, no pierdo el equilibrio. También se siente al correr: no voy cayéndome sobre mis piernas. Antes, al correr sentía que llevaba a cuestas un peso muerto que se iba desmoronando a cada paso, sobre mis pies. Ahora, en ese espacio indefinido que va desde las rodillas hasta los hombros parece que hubiera músculos trabajando. Ojo, digo que parece, eh. Si trabajan o no, no tengo idea.

La progresión de ejercicios de Jay Johnson es lenta y está organizada en bloques de dos semanas. No me resultó fácil, pero tampoco fue imposible avanzar de la primera etapa a la segunda, de allí a la tercera y luego a esta última. 


Una cosa interesante que aprendí durante estas ocho semanas es por qué hay que hacer ejercicios de fortalecimiento. Me enteré de que cuando corrés de manera regular, mejorás tu capacidad aeróbica. Es decir, sentís que tenés más aire y te cansás menos. Ya había aprendido que al correr se genera una sensación de placer: te sentís bien y te dan ganas de seguir corriendo, o de volver a correr al día siguiente. Pero ahora pude agregar un dato más: correr no fortalece ni un poco tus músculos. Para eso se necesita hacer otro tipo de actividad física. Ahí es cuando entran en juego los programas de fortalecimiento.

Según dijo hace unos días el Dr Iñigo San Millán en una entrevista (en inglés) para el podcast Run to the Top, el exceso de entrenamiento es algo muy común entre quienes corremos de manera no profesional. San Millán sostiene que algo típico de nosotr@s es que, a diferencia de l@s profesionales, salimos a correr como loc@s cada vez, pues partimos de la falsa creencia de que hay que sufrir, hay que cansarse y tiene que doler. ¡Qué gross@s que somos! Bueno, parece que no es así. Y que si hacés eso, lo más probable es que termines rot@, con una lesión que te haga abandonar todo. En suma, que hay que fortalecerse. 

Próximos pasos

Ahora que terminé con este ciclo, empecé a ir al gimnasio. ¡Caradura!, dirás. ¡Después de todo lo que despotricaste contra el gym! Bueno, chic@s, la vida es así. ¿O acaso un@ no puede cambiar de opinión? Es más, no solo arranqué con el gym, sino que consulté a una nutricionista, para saber cuántas tandas de churros se pueden hacer con la grasa que me sobra. El resultado lo tendré en un par de días. Te lo cuento el próximo domingo. Hasta entonces.

Entretanto, por favor dejá tus dudas, comentarios o críticas acá abajo. ¡Gracias!


domingo, 24 de abril de 2016

Entrenamiento. Semanas de fortalecimiento 5 y 6

Como mi objetivo es correr mi primer maratón en octubre de este año y mi estado físico dista de ser óptimo, estoy haciendo el programa de fortalecimiento de Jay Johnson como para ponerme en condiciones, una vez que lo termine, de empezar a entrenar para el maratón. En otras entradas podés ver cómo me fue en las primeras dos semanas y en las dos siguientes. Acá va un resumen de cómo me fue durante los últimos quince días.

Glamour 0 - Pies mojados 2
Cuando estaba empezando a acostumbrarme a correr en la oscuridad previa al amanecer, llegó el agua. Durante estos catorce días tuve varias madrugadas de entrenamiento con el piso mojado o, directamente, bajo la lluvia. Me costó más dejar la casa con esas condiciones. Más de una vez, tras bajar los tres pisos por escalera y enfrentar la calle, me dieron ganas de pegar media vuelta y volver a la cama. No sin esfuerzo, me aguanté el impulso y salí igual.

El primer cambio en la progresión de estas semanas es que las planchas se ponen más demandantes. ¿Qué son las planchas? Simples y exigentes, las planchas (también se las llama rutina Pedestal) son un ejercicio fabuloso para fortalecer tu tronco. En este programa de fortalecimiento, están presentes desde el comienzo. Con cada nuevo paso, Jay Johnson (mi entrenador favorito) incorpora alguna variante que las hace progresivamente más difíciles. Ahora, en los días fáciles hay que aguantar 40 segundos en cada posición, y en los difíciles hay que hacer cinco elevaciones de piernas por posición.

Otra modificación respecto de las semanas anteriores es que en los días difíciles en vez de hacer la rutina Myrtl hacés la rutina Cannonball. Me gustó el cambio, porque esta última rutina tiene ejercicios que no había hecho nunca y que son divertidos. Claro, al principio siempre está el miedo de quedar como un ridículo ante las miradas de la gente que te ve moviéndote como si fueras una babosa a la que le dio un ataque de epilepsia (así es como creo que me veo cuando hago los escorpiones), pero después decidí concentrarme más en los ejercicios y no preocuparme tanto por como se verían para el que pase por ahí. Además, mientras escribía estas líneas me enteré de que desde hace un par de años Jay Johnson no recomienda más los escorpiones, para cuidar la espalda.

Otra novedad de este período es que incorporé caminatas en los días posteriores a días difíciles. Es decir, que si un día hago un entrenamiento difícil (por ejemplo, un fondo con cambios de velocidad), al día siguiente camino de manera enérgica durante una hora.

Ayer, entre los comentarios al pie de la entrevista a Daniel Veggetti, alguien me pedía más detalles sobre las rutinas que estoy haciendo. Acá va, como muestra de día difícil, lo que hice hoy. Salí de casa, caminé una cuadra hasta el Parque Los Andes y, sin más vueltas, empecé:
  • Calentamiento: matriz de zancadas y balanceos de piernas 
  • Corrí 70 minutos, organizados así: 10 minutos tranqui (si lo comparás con un coche, sería ir en primera marcha) + 30 constantes (puse segunda) + 20 más rápido (metí tercera) + 10 tranqui (volví a primera)
  • Fortalecimiento: ni bien terminé de correr, hice el primer circuito de piernas (4 ejercicios) + las planchas con cinco elevaciones de pierna por posición + la rutina Cannonball (sin los escorpiones ni las "iron cross"). Estas dos partes están juntas en un mismo video del canal de Youtube de Jay Johnson
  • Flexibilidad: por último, los estiramientos con cinturón que muestra Ana Adoue en el canal de Youtube de Ciudad Yoga.
Y una muestra de mis días fáciles actuales se ve así:
  • Calentamiento: igual que el día difícil 
  • Corrí 50 minutos así: 40 minutos tranqui + 5 pasadas de 20 segundos con un minuto de recuperación entre pasada y pasada. O sea, corrí rápido 20 segundos, troté 1 minuto, corrí rápido 20 segundos, y así cinco veces + 5 minutos tranqui
  • Fortalecimiento:  los días fáciles de estas dos semanas estuve haciendo las planchas en las que aguantás 40 segundos y la rutina Myrtl
  • Flexibilidad: igual que los días difíciles.
Por favor, no tomes esto como un ejemplo a seguir. Es solo una muestra de lo que estuve haciendo estas dos semanas. Quizás vos necesites otra cosa.

BONUS

Si te fumaste todo este post, te merecés algo extra, así que acá va: porque tengo ganas de aprender cosas nuevas (y porque parto de la idea de que probablemente todos los problemas y preguntas que tengo ya los debe haber tenido alguien antes y debe haber encontrado una solución) paso bastantes horas por semana buscando respuestas. En ese proceso, a partir de un comentario al pie de la entrevista a Daniel Veggetti, di con el blog Semana 52, de Martín Casanova. Si vas a la página de inicio de ese blog, puede que te desconcierte porque hoy el flaco corre ultra maratones en la montaña. Pero si empezás desde el principio verás (con fotos de panza incluidas) que en agosto de 2010 la situación era muuuuuuuy distinta. Martín fue posteando su lenta evolución y sus progresos. Si estás buscando inspiración, quizás te pueda servir. Yo empecé a leerlo desde el primer post y voy avanzando desde ahí. Agregué un link a Semana 52 en la sección "Blogs y páginas que sigo", a la que accedés desde la página de inicio. Ahí también tenés vínculos a otros blogs que me parecieron interesantes.

No dejes de comentar acá abajo si tenés algo para decir. Hasta la semana que viene.

domingo, 10 de abril de 2016

Entrenamiento. Semanas de fortalecimiento 3 y 4


Nocturna Bs As 2015. Empezó de día...
El otoño avanza sobre la ciudad y mi entrenamiento también. Si bien todavía no hace frío, las mañanas ya son oscuras. De hecho, esta semana salí por primera vez con una linterna de esas que se ponen en la cabeza como una vincha. Me la habían dado el año pasado cuando con los amigos de Guadaña Running Team corrimos los 8 km. de la Nocturna Buenos Aires. En ese momento sirvió para iluminar los sectores más oscuros del recorrido. Esta semana el aparato cumplió otra vez su función y fue una gran ayuda en los sectores de la Avenida Guzmán donde la iluminación es mala y abundan las raíces de los árboles semiocultas en las veredas. Fue precisamente en ese circuito donde pocos meses después de empezar a correr me caí y me golpeé fuerte una rodilla. A más de dos años de aquel episodio, si tengo que elegir entre verme medio ridículo con un foquito en la cabeza o arriesgarme a una nueva caída, no lo dudo: foquito y rodillas sanas valen más.

... y terminó de noche
Hoy terminé el primer mes de entrenamiento con el programa de fortalecimiento de Jay Johnson. El plan está organizado en bloques de dos semanas. Respecto del primer segmento, en este segundo se agregaron unos ejercicios de piernas. Además, en la rutina Pedestal (en la que trabajás todo el tronco y los glúteos) hay que quedarse más tiempo en cada posición. En suma (y como era de esperar en un plan de entrenamiento progresivo), el trabajo se vuelve un poquito más exigente. De todas maneras, se trata de una progresión lenta. Es algo realizable. No me meto en los detalles para no aburrir. Si tenés curiosidad por estos ejercicios, en los links de este post podés acceder gratis al programa completo. También podés dejar tus dudas acá abajo como comentario.

Respecto de las salidas a correr, en estas dos semanas incorporé otra rutina de Jay Johnson: la primera parte del entrenamiento en circuitos. Consiste en lo siguiente: en vez de correr y correr y correr (cosa monótona y aburrida que me pesa y me desmotiva) acá lo que hacés es correr un poco (300 metros), luego parás y hacés cuatro ejericios. Al terminar, volvés a correr otros 300 metros y después hacés otros cuatro ejercicios distintos. Y así, cuatro veces. Me gustó por dos motivos: por un lado, la actividad se vuelve más atractiva, menos monótona. Te obliga a prestar atención, a estar atento a cuál es el próximo ejercicio. En mi caso, que tengo una fuerte tendencia a la paja y la inactividad, el hecho de que la rutina sea variada y dinámica me ayuda a mantener la motivación. Por otro lado, la secuencia me resultó exigente. Terminé cansado y al día siguiente sentía que la salida a correr había valido la pena.

Mañana empiezo la tercera etapa del programa de fortalecimiento. En los días difíciles deberé remplazar una parte de la rutina que venía haciendo por otra llamada Cannonball. En dos semanas les cuento cómo me fue.

sábado, 2 de abril de 2016

Correr en otoño

Salir a correr a la mañana es... ¡un embole! En esta época (marzo y abril), se nota que los días son más cortos. Cuando suena el despertador todavía está oscuro y me cuesta más empezar a moverme. Para vencer la resistencia a abandonar la cama, he desarrollado una estrategia que consiste en dejar lista, la noche anterior, la ropa que voy a usar para correr. Antes de ir a dormir, me fijo cómo estará el tiempo en la mañana y repaso mentalmente qué me indica la rutina de ejercicios para el día siguiente.

Así se ve mi lugar de entrenamiento cuando empiezo...
Si cumplo con eso (no siempre lo hago), a la mañana me resulta mucho más difícil encontrar excusas para no moverme. Cuando, somnoliento y de mal humor, abro un ojo veo la ropa lista. No tengo que empezar a pensar qué ponerme.  Al haber mirado el pronóstico y repasado el entrenamiento la noche anterior, tengo una idea de cómo está el día afuera y sé cuál es la rutina que me espera. Solo queda levantarse y ponerse en acción. Cuesta, pero mucho menos que si tuviera que organizarme desde cero.

Otra cosa que me sirve es hacer el calentamiento fuera de casa. Al comienzo lo hacía adentro: unas rotaciones de hombros y de cintura, unas sentadillas y un par de ejercicios más para avisarle al cuerpo que es hora de ponerse en marcha. Sin embargo, a veces me distraía con otras cosas: me ponía a darles de comer a las mascotas, o preparar el almuerzo para llevar al trabajo, o a chequear el email.
Ahora, en cambio, me visto y salgo directamente a la calle. Cuando el aire fresco me da en la cara empiezo realmente a despertarme.

No importa si es un día de entrenamiento duro o si es liviano. No interesa si me toca hacer un trote tranqui de recuperación o una sesión de entrenamiento fuerte. Antes de comenzar con la rutina del día, hago la matriz de zancadas y los balanceos de piernas de Jay Johnson. Luego del entrenamiento específico, es el momento de los ejercicios del programa de fortalecimiento y después los estiramientos.

... y así está el mismo sitio cuando termino.
Todo el ciclo me lleva alrededor de una hora. Tras haber terminado, me ducho y salgo para el trabajo. A pesar de quedar algo (¡o muy!) cansado, los días que entreno siento que tengo más energía que los que no. Y trato de recordar eso dos días después, cuando suena el despertador y, desde la cama, veo la ropa de correr lista para una nueva sesión de entrenamiento.



domingo, 27 de marzo de 2016

Entrenamiento. Semanas de fortalecimiento 1 y 2

Hoy terminé las primeras dos semanas del programa de fortalecimiento de Jay Johnson. ¡Qué envidia me da Sara Vaughn en los videos explicativos! Cuando la vi mostrar estos ejercicios me parecieron una pavada. Sin embargo, al empezar a hacerlos yo... ouch! ¡Cómo cuestan! En algunos casos, como con las planchas, me la pasé temblando como un flan y al día siguiente sentía partes de mi cuerpo cuya existencia era hasta ese momento desconocida.

De todas maneras, logré terminar este primer ciclo sin sentir que estaba a punto de quebrarme. Es decir, resultaron ejercicios exigentes, pero realistas. Y los movimientos del último día de la segunda semana me resultaron más fáciles que los del primer día de la semana 1. No es un programa que me convertirá en un superhéroe, pero seguramente luego de estas 8 semanas estaré más fuerte que al principio y podré arrancar con el entrenamiento para el maratón de octubre.

Mañana entro en la segunda etapa, que abarca las semanas 3 y 4 del programa. Algunos ejercicios no cambian, otros duran más (oh, no, ¡las planchas!) y se agregan algunos nuevos. Suena como un desafío intenso, pero no desproporcionado. Así que voy a seguir adelante. Entre las cosas que me motivan está el hecho de que muchas fuentes insisten en que cuando uno pasó los 40, si querés hacer ejercicio de manera regular y no lesionarte, tenés que cuidarte. No me interesa (y tampoco puedo) correr a toda velocidad. Mis prioridades son poder hacer ejercicio de manera regular durante toda la vida. Nada más... ¡y nada menos!

Así que el espíritu de invencible quedará en el sillón de jugar a la Play, al lado del ego. Después de todo, estoy a años luz de los ágiles corredores de Carrozas de fuego y muy (pero muy) cerca del Señor Increíble, el protagonista gordo de Los Increíbles. Semanas 3 y 4, allá vamos.


lunes, 21 de marzo de 2016

Entrenamiento

Tras  una semana de descanso luego de participar en la Black Rock Ultra Trail, empecé un plan de fortalecimiento de dos meses. El objetivo es fortalecerme para poder, después, empezar a entrenar para correr mi primer maratón.

Estoy saliendo a correr muy tranquilo cuatro veces por semana. Antes de empezar, hago la matriz de zancadas y los balanceos de piernas (encontrarás los detalles sobre estos balanceos a partir del minuto 5:10 en este video).


Al volver, hago el plan de 8 semanas de Jay Johnson. En este momento estoy en la semana 2. La secuencia me gusta por varios motivos: en primer lugar, no promete convertirte en un superhéroe de manera instantánea, sino que es progresiva. Es decir, busca fortalecerte de manera gradual. En segundo lugar, porque para llevarlo a cabo no se necesita ir a un gimnasio, ni comprar nada. No hace falta más que voluntad. Sí, ya sé, no es fácil juntar las ganas, pero, ey, vamos, media pila. Sos solo vos, en tu casa, con tu culo gordo y tu panza. Sin gastos, sin gente que te mire, sin glamour y sin distracciones.


Una cosa que me llamó la atención es que Jay recomienda hacer los ejercicios inmediatamente después de ir a correr. En mi ignorancia, yo hubiera separado las salidas a correr de las sesiones de ejercicio. Estaba equivocado. Es más, el entrenador organiza los días en fáciles y difíciles (más sobre este tema en un futuro post), de modo que los días en los que uno corre más, también sean aquellos en los que debe hacer la parte más exigente de los ejercicios de fortalecimiento.